Hasta el pensamiento callado puede volverse oración.
Entiende lo que estoy meditando
El salmista lleva incluso los pensamientos al Señor, ampliando el alcance de la oración hacia adentro

Este devocional corto habla de la oración, a partir de Salmos 5:1.
Al Músico principal: sobre Nehiloth: Salmo de David. Escucha, oh Jehová, mis palabras; considera la meditación mía.
Salmos 5:1
La escena
Estamos en Jerusalén, ciudad sobre los montes de Judá, donde estaba la casa de Dios.
En el Salmo 5, el salmista comienza la oración así: “Escucha, oh Jehová, mis palabras; considera la meditación mía“. Pide que Dios oiga lo que dice y también lo que aún piensa por dentro.
Luego llama a Jehová “Rey mío y Dios mío” y dice: “porque a ti oraré”. En la imagen, un arpa descansa bajo la luna y las estrellas, como quien medita en silencio.
Solo vale como oración lo que logramos decir bien ordenado.
El salmista pidió que Dios entendiera hasta lo que meditaba. La oración llega al Padre aun sin una frase ordenada. Habla con Él como te salga.
En nuestro día
En el autobús o mientras lavamos los platos, lo que llega es un pensamiento confuso, una preocupación que vuelve y vuelve. No siempre eso se vuelve frase.
El salmista pidió que Dios entendiera hasta lo que estaba meditando. El mismo Dios nos escucha, y podemos entregarle incluso lo que todavía no se hizo palabra, con la confianza de hijos.
Consuelo. El salmista sabe a quién le habla: "porque a ti oraré" (Salmos 5:2).
Nuestra oración también tiene destinatario seguro: el Padre que nos escucha. Alégrate y conversa con Él sin prisa.
Confianza. El salmista sabe a quién le habla: "porque a ti oraré" (Salmos 5:2).
Nuestra oración también tiene destinatario seguro: el Padre que nos escucha. Alégrate y conversa con Él sin prisa.
Alivio. El salmista sabe a quién le habla: "porque a ti oraré" (Salmos 5:2).
Nuestra oración también tiene destinatario seguro: el Padre que nos escucha. Alégrate y conversa con Él sin prisa.
Inseguridad. El salmista también llevó a Dios la voz de su clamor (Salmos 5:2).
No hace falta tenerlo todo claro para orar. El Padre oye hasta el clamor sin palabras bonitas. Descansa en Él y cuéntale lo que pesa.
Confusión. El salmista también llevó a Dios la voz de su clamor (Salmos 5:2).
No hace falta tenerlo todo claro para orar. El Padre oye hasta el clamor sin palabras bonitas. Descansa en Él y cuéntale lo que pesa.
Cansancio. El salmista también llevó a Dios la voz de su clamor (Salmos 5:2).
No hace falta tenerlo todo claro para orar. El Padre oye hasta el clamor sin palabras bonitas. Descansa en Él y cuéntale lo que pesa.
Hoy, cuando una preocupación venga a mi mente, voy a entregársela a Dios en una frase sencilla, como me salga.
El Padre alcanza hasta lo que estamos meditando.
Estad quietos, y conoced que yo soy Dios: ensalzado he de ser entre las gentes — Salmos 46:10
Cordeiro Devocional
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