El pedido de perdón se apoya en el Dios bueno.
Tú, Señor, eres bueno y perdonador
El salmista clama a Dios apoyado en quién es él: bueno, perdonador y grande en misericordia para los que claman

Este devocional corto habla de el perdón, a partir de Salmos 86:5.
Porque tú, Señor, eres bueno y perdonador, y grande en misericordia para con todos los que te invocan.
Salmos 86:5
La escena
Estamos en Jerusalén, ciudad del templo, donde el pueblo llevaba a Dios sus clamores.
El salmista ora pidiendo que Dios guarde su alma. Se llama siervo que confía, pide misericordia y dice que clama a Jehová todo el día.
En medio del clamor, se apoya en quién es Dios: “tú, Señor, eres bueno y perdonador, y grande en misericordia para con todos los que te invocan”. Pide que Dios incline el oído y dice que, en el día de su angustia, lo llamará.
Para que Dios perdone, hay que sufrir mucho antes.
El salmista no presenta el sufrimiento como pago: confía y pide "salva tú, oh Dios mío, a tu siervo". El perdón viene de la bondad de Dios. Recibe este perdón gratis.
En nuestro día
Después de errar, es común quedarse en silencio ante Dios, pensando que hay que mejorar antes de pedir perdón. Y la oración queda para después.
El salmista muestra otro camino: clamó todo el día y apoyó su ruego en la bondad de Dios. Jesús contó del padre que corrió al encuentro del hijo que volvía (Lucas 15:20). Podemos clamar ahora al Señor bueno y perdonador.
Alivio. El salmista celebra: "Oh Señor, ninguno hay como tú entre los dioses".
El Dios a quien oramos no tiene igual, y es ese Dios quien nos perdona. Alégrate en él y levanta tu alma en gratitud.
Confianza. El salmista celebra: "Oh Señor, ninguno hay como tú entre los dioses".
El Dios a quien oramos no tiene igual, y es ese Dios quien nos perdona. Alégrate en él y levanta tu alma en gratitud.
Gratitud. El salmista celebra: "Oh Señor, ninguno hay como tú entre los dioses".
El Dios a quien oramos no tiene igual, y es ese Dios quien nos perdona. Alégrate en él y levanta tu alma en gratitud.
Angustia. El salmista le pide al Señor: "Guarda mi alma".
El alma cansada o avergonzada puede entregarse a Dios. Él guarda lo que le confiamos. Descansa en este cuidado.
Vergüenza. El salmista le pide al Señor: "Guarda mi alma".
El alma cansada o avergonzada puede entregarse a Dios. Él guarda lo que le confiamos. Descansa en este cuidado.
Cansancio. El salmista le pide al Señor: "Guarda mi alma".
El alma cansada o avergonzada puede entregarse a Dios. Él guarda lo que le confiamos. Descansa en este cuidado.
Hoy, cuando sienta vergüenza de orar, clamaré a Dios de todos modos, recordando que él es perdonador.
El Señor es bueno y perdona a quien clama a él.
Hay libertad al otro lado del perdón. Pero el camino hasta allá pasa por confiar la herida a Dios.
Cordeiro Devocional
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